Uno de mis mensajes a los antivacunas: conozcan la historia de la familia de investigadores compuesta por Copérnico, Galileo, Kepler y Newton
No voy a mentir, me ha costado mucho publicar estas líneas. Quizás he estado indecisa por no querer herir más susceptibilidades con el tema de la pandemia, pero sobre todo creo que me costaba escribir sobre algo que me recuerda a mi inolvidable tutor el Dr. José Padrón Guillén.
Cada vez que leo entre los argumentos antivacunas que todo fue desarrollado en tiempo récord siento un calor que corre por mi sangre, y me hacen pensar en mi 'gigante' favorito y su clase magistral sobre estructuras y variaciones de la investigación.
Como punto de partida es necesario comprender que la
ciencia va contrastando teorías, desechando algunas y fortaleciendo otras. En
el camino, se forman redes de problemas en función
de las necesidades, alrededor de ellos los investigadores constituyen familias
con sus pares, sin tener que coincidir ni en tiempo ni espacio.
En este sentido destaca lo propuesto por Padrón sobre las secuencias de un desarrollo investigativo en función de un problema global. Muchos de estos problemas no son nuevos, todo lo contrario, y tratarlos ha estado en el tapete científico aunque no mediático desde siempre.
Volviendo a las secuencias, se trata de cuatro fases lógicas que inician con descripciones o registros
observacionales del universo de hechos a estudiar. Posteriormente, el resultado
de esta fase es el punto de partida para la construcción de modelos teóricos
que den respuestas al porqué de esos hechos. Más adelante, resalta la fase de
contrastación o validación de las explicaciones obtenidas en la etapa anterior.
Y, finalmente, en el caso de que las teorías hayan logrado cierta
verosimilitud, los conocimientos podrán convertirse en tecnologías y con ello
intervenir en el entorno para su transformación positiva. De esta manera, al
tener satisfecha una necesidad de la sociedad, emergerán nuevos problemas en
torno a los cuales otra familia de
investigadores dará respuestas a través de la investigación dando continuidad
al ciclo.
Voy a compartir un ejemplo que considero neutral.
En
la línea de tiempo imaginaria de la ciencia muchos investigadores se han
agrupado en torno a descubrir qué hay más allá y cómo esos elementos forman
parte de un todo infinito al cual pertenecemos. ¿Cómo se formaron los planetas?
¿Cómo ha sido su evolución? ¿Cómo son las relaciones del hombre con el entorno?
Esas han sido preguntas claves desde siempre. Preguntas que de manera directa o
indirecta han unido en el tiempo a Copérnico (1473-1543), Galileo (1564-1634),
Kepler (1571-1630) y Newton (1642-1727).
Ellos,
como todos, retomaron planteamientos ya formulados, buscaron dar respuestas a las
debilidades de sus antecesores, quienes vinieron después de ellos han hecho lo
propio. Los éxitos o los fracasos son relativos, pues como lo diría Popper el
mero hecho de demostrar una falsedad es insumo para otra teoría en su camino
para alcanzar altos niveles de verosimilitud.
Por el año 1507, Copérnico expuso que la tierra giraba alrededor del sol, contradiciendo la posición de que la tierra era el epicentro. Sin embargo, pensaba que la tierra se movía en círculos. Llama la atención, que estos avances vieron la luz muy poco tiempo antes de la muerte del autor quien tuvo temor al rechazo de la dominante estructura religiosa de la época, sí otra vez la iglesia y sus cosas.
De esta manera, catorce siglos
después del geocentrismo de Tolomeo, Copérnico fue capaz de retumbar las
estructuras de la astronomía. Tal como expuso Popper inspirado en Darwin, que
una especie haya sobrevivido en el pasado no significa que lo hará en el
futuro, algo que aplicaría a su vez a lo propuesto por Copérnico quien sentó
las bases para la revolución científica que culminó Newton mucho después.
Galileo,
con ayuda del telescopio, consiguió maneras observacionales de demostrar lo
expuesto por Copérnico en lo que respecta al heliocentrismo y enfrentó las
consecuencias ante la iglesia. Una vez confirmado el heliocentrismo, Kepler,
otro astrónomo contemporáneo, se dedicó a estudiar los movimientos y órbitas
planetarias.
Kepler
inicialmente pensó, muy probablemente influenciado por su religión, que los
movimientos de los cuerpos celestes tenían que ser sencillos, armoniosos y
perfectos. Intentó, fallidamente, demostrar que las distancias entre los
planetas y el sol venían determinadas por esferas. Este error es valioso, pues
reorienta la observación hacia otros movimientos como los óvalos y finalmente
elipses, de donde parten sus tres leyes de los movimientos de los planetas. Cabe
mencionar que el esquema de esferas perfectas se sigue usando en la primera
enseñanza del sistema solar a niños en edad escolar.
Más
adelante en el tiempo, a partir de los estudios de Galileo y Kepler, fue
posible para Newton la ley de gravitación universal. Esta relación a través del
conocimiento demuestra cientos de años después el valor de los antecedentes,
aproximaciones, errores y fases de investigaciones en pro de un objetivo en
común.
Un proceso similar ha sucedido con la científica Sarah Gilbert, una de las tantas personas detrás de las vacunas contra la COVID-19 y que nos protegen contra la enfermedad grave y la muerte.
Ella ha tomado los éxitos y errores de sus predecesores, ha aprovechado los grandes avances tecnológicos que le han acompañado en su trayectoria y ha trabajado en el desarrollo de vacunas contra la malaria, el ébola, una universal contra la influenza y el síndrome respiratorio de Medio Oriente (MERS), así como también de un tipo de coronavirus. En otras palabras, estas acciones en conjunto le han permitido saber desde el principio de esta historia cuál sería el camino para llegar a la vacuna para luchar contra la COVID-19.
No son resultados aleatorios, no son resultados en tiempo récord, esta gigante lleva su vida dedicada a las vacunas y ha sabido aplicar junto a su equipo todo un compendio de conocimientos al servicio de la humanidad.
¡Gracias a la ciencia por tanto! ¡Gracias Sarah Gilbert!
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